Como un cuaderno en blanco, yo fui apuntando.
Primero, apunté las cosas más simples:
Como sonreír, como bostezar...
He de decir que no fue tan simple como parece. Escribir algo en un cuaderno vacío lo puede hacer cualquier niño pequeño pero, escribir sobre algo que nunca habías hecho... es otro nivel.
Observas a la gente de tu alrededor y, una vez consigues un patrón, intentas definir el término "sonrisa" o "bostezo" ya que no puedes anotar algo sobre ellos sin saber su significado.
Por ello, aunque "sonreír" y "bostezar" son cosas simples, el hecho de apuntarlos conlleva un gran esfuerzo.
Igualmente, lo tuve que hacer. Reprimí la naturalidad que aquellos verbos llevaban escritas en su esencia y la escribí en mi cuaderno de una forma única. No habrían más sonrisas como la mía. No habrían más bostezos como el mío.
Continué caminando y llenando las lineas de mi cuaderno. En ese momento no sabía que esas líneas algún día serían leídas inconscientemente en mi, convirtiendo aquello que un día fue una anotación, en un acto.
Por fin llegó mi primer reto: El amor.
Debía entender, ante todo, que significaba ese abstracto sustantivo y apuntar en mi cuaderno lo que sería para mi.
Quería que fuera único pero, ante todo, quería que fuera un amor fiel. Quería que fuera un amor sencillo que naciera de lo más hondo de mi ser y que fuera capaz de producir sonrisas y lágrimas.
Lo escribí. Escribí "amor" en mi cuaderno y lo obtuve tal y como yo quise.
Mi error en ese corto camino recorrido fue el no darme cuenta de que hay cosas que se escriben solas. Quería controlarlo todo... quería escribir las cosas a mi manera para que éstas fueran únicas y no tener dudas de lo desconocido.
Y por ello, escribí también "odio". Escribí odio como aquel sentimiento que contrarrestaba el amor. Quería que fuera un odio sencillo que naciera de lo más hondo de mi ser y que fuera capaz de producir rabia y dolor.
Lo obtuve, tal y como quise.
Quizás creáis que fui tonta, que escribí mi propia derrota. Que deseé mi propio sufrimiento. De hecho, no fue así.
Me equivoqué, es cierto. Dediqué mi tiempo a escribir en ese cuaderno todo aquello que un día me definiría. Me preocupaba no contentarme a mi misma. Me preocupaba no confiar en mi.
Ahora soy todo aquello que un día escribí.
Soy una sonrisa tímida en momentos delicados.
Soy un bostezo oculto en una muchedumbre.
Soy un amor fiel con un corazón de pinchos.

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