sábado, 7 de julio de 2012

El dolor del tiempo


Fue entonces cuando lo sentí.
En realidad solo fue un segundo, pero fue suficiente para entender que estaba sucediendo en aquel mismo instante y en aquel mismo lugar…
Había ido con mis padres y mi primo a ver la casa de mi difunto tío abuelo.
A pesar de que hacía ya años que había fallecido, la casa continuaba oliendo a él, como si horas atrás hubiera estado habitada. No me sorprendió, de hecho.
Continué con mi propia búsqueda de algo que no sabía exactamente que era. Cuando entré al salón no pude evitar sonreír. Los recuerdos se amontonaban en mi cabeza una vez más desde el día de su muerte. Recordé cuando me enfadé con mis padres por una estupidez de niña pequeña y me escapé de casa. Recordé cuando anduve por las calles de mi pequeño pueblo buscando un sitio en el que llorar tranquilamente. Y, también recordé como, por causalidad, aterricé en casa de mi tío abuelo Manolo.
Toqué al timbre y, sencillamente, me presenté ahí y le saludé. Le expliqué todo lo sucedido y él, con una amplia sonrisa, dijo que podía estar en su casa el tiempo que fuera necesario, que no diría nada.
No hizo falta establecer ninguna conversación. Recordé que sabía que mi compañía le hacía sentir bien, al igual que a mí...
Dejé volar mi mente unos minutos más y decidí subir a la terraza. Allí otros muchos más recuerdos aparecieron sin permiso en mi memoria.
Mi primo se posó a mi lado y asintió con la cabeza al mismo tiempo que yo le recordaba que solíamos hacer allí. Él también se acordaba.
Y es en ese momento, justo en ese instante, cuando, repentinamente, me puse a correr de un lado a otro feliz, sintiendo aquello: La añoranza.
Esa añoranza por los viejos tiempos en los que corría sin preocupaciones con mi primo o mi prima jugando a cualquier cosa; esos tiempos en los que no había futuro, solo un presente lleno de aventuras fantásticas; esos tiempos en los que era más feliz porque era más ignorante; esos tiempos en los que habían personas que, actualmente, ya no están presentes…
En realidad, fue sorprendente como en pocos segundos todas esas sensaciones y recuerdos bailaron en mi mente dejando, como residuo, un ardiente pinchazo en el corazón. Y fue aquello lo que sentí, un pinchazo lleno de recuerdos y añoranzas de aquellos viejos tiempos que, de algún modo u otro, eran mejores.

-Todo aquello queda muy atrás, tan atrás que el tiempo duele. Aunque, de hecho, es el único que puede hacerme daño.


Fotografía y texto hechos por mí. No robéis por favor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario