jueves, 30 de agosto de 2012

El cuaderno de alguien

Como un cuaderno en blanco, yo fui apuntando.
Primero, apunté las cosas más simples:
Como sonreír, como bostezar...
He de decir que no fue tan simple como parece. Escribir algo en un cuaderno vacío lo puede hacer cualquier niño pequeño pero, escribir sobre algo que nunca habías hecho... es otro nivel.
Observas a la gente de tu alrededor y, una vez consigues un patrón, intentas definir el término "sonrisa" o "bostezo" ya que no puedes anotar algo sobre ellos sin saber su significado.
Por ello, aunque "sonreír" y "bostezar" son cosas simples, el hecho de apuntarlos conlleva un gran esfuerzo.
Igualmente, lo tuve que hacer. Reprimí la naturalidad que aquellos verbos llevaban escritas en su esencia y la escribí en mi cuaderno de una forma única. No habrían más sonrisas como la mía. No habrían más bostezos como el mío.
Continué caminando y llenando las lineas de mi cuaderno. En ese momento no sabía que esas líneas algún día serían leídas inconscientemente en mi, convirtiendo aquello que un día fue una anotación, en un acto.
Por fin llegó mi primer reto: El amor.
Debía entender, ante todo, que significaba ese abstracto sustantivo y apuntar en mi cuaderno lo que sería para mi.
Quería que fuera único pero, ante todo, quería que fuera un amor fiel. Quería que fuera un amor sencillo que naciera de lo más hondo de mi ser y que fuera capaz de producir sonrisas y lágrimas.
Lo escribí. Escribí "amor" en mi cuaderno y lo obtuve tal y como yo quise.
Mi error en ese corto camino recorrido fue el no darme cuenta de que hay cosas que se escriben solas. Quería controlarlo todo... quería escribir las cosas a mi manera para que éstas fueran únicas y no tener dudas de lo desconocido.
Y por ello, escribí también "odio". Escribí odio como aquel sentimiento que contrarrestaba el amor. Quería que fuera un odio sencillo que naciera de lo más hondo de mi ser y que fuera capaz de producir rabia y dolor.
Lo obtuve, tal y como quise.
Quizás creáis que fui tonta, que escribí mi propia derrota. Que deseé mi propio sufrimiento. De hecho, no fue así.
Me equivoqué, es cierto. Dediqué mi tiempo a escribir en ese cuaderno todo aquello que un día me definiría. Me preocupaba no contentarme a mi misma. Me preocupaba no confiar en mi.

Ahora soy todo aquello que un día escribí.
Soy una sonrisa tímida en momentos delicados.
Soy un bostezo oculto en una muchedumbre.
Soy un amor fiel con un corazón de pinchos.
Soy el odio y la desconfianza por miedo a lo desconocido.
Pero soy Alicia, y, al fin y al cabo, soy alguien.

sábado, 11 de agosto de 2012

Un secreto


Tengo un secreto... tan virgen, tan nuevo.
Nadie sabe de su existencia y yo, ilusa, solo sé un resquicio de ese secreto tan nuevo que reside en mi. 
No es un secreto perfecto, ni bueno, ni adecuado, pero surge de lo más hondo de mi corazón. 
Surge de esa parte que todos tratamos de ocultar, de esa parte que da vergüenza mostrar.
Ese secreto es una idea nueva en mi mente que me revuelve el estómago, que me hace sentir mal y bien al mismo tiempo.
Es un secreto jamás contado porque no hay palabras ni valentía para contarlo.
Es mi perdición y salvación. 
Es una canción agradablemente ruidosa en un desierto tranquilo.
Es aquello que un día soñé...
Ante todo, es un secreto injusto. Para mi y para todos.
Lo es y yo lo soy. Lo somos todos.
Pero sobre todo... lo eres tú.

viernes, 10 de agosto de 2012

La música


La música, un refugio único y personal para cada uno.
Puedes decidir, de hecho, si quieres que la música te evada o si quieres que la música realce tus sentimientos.
Escucho la dulce melodía bailar en mis oídos. Me concentro en el sonido: dulce y apaciguador. ¿Me sucedía algo? Ah, sí, ya me acuerdo. Es una historia muy lejana y vieja aunque, realmente, se trata de dos años atrás. Dice así…

La vida entonces era más sencilla. No teníamos tantas preocupaciones, aunque, al mismo tiempo, éramos más jóvenes.No nos preocupábamos por el futuro… solo nos divertíamos e intentábamos siempre dar lo máximo de nosotros mismos.
Teníamos metas, teníamos oportunidades, teníamos amigos, teníamos libertad.También había discusiones, sí, pero eran discusiones de gente inmadura que duraban a penas dos días.
Sí… en aquellos tiempos, los veranos no eran suficientes para realizar todos los planes propuestos. En aquellos tiempos. 

Algo cambió. Deshizo todo lo hermoso que teníamos: El tiempo. 
Muchos dicen la edad, otros opinan que la madurez… pero, según mi punto de vista, es el tiempo.
Este tiempo tan bonito que tuvimos, pasó. Los caminos, antes unidos por la diversión y la amistad, se fueron separando.
Unos por los estudios, otros por el trabajo, algunos porque se hicieron pareja, otros porque maduraron, otros porque encontraron otra cosa más divertida que hacer e, incluso otros, porque su naturaleza era esa: huir como una rata y adaptarse como un camaleón.
Sería injusto juzgar los motivos que a cada uno de nosotros le llevó tomar caminos diferentes. Lo que realmente importa es que sucedió y que perdimos aquello tan único y bonito que nos unía.
Creo que lo más triste e incompetente que he hecho en mi vida ha sido intentar que las cosas volvieran a ser como eran antes. La verdad es que me conformaría con que al menos estuviéramos todos juntos… otra vez.
En aquel entonces, no existían los cotilleos, los malos rollos ni las discusiones…Sin ir más lejos, yo no sabía que era eso de “aburrimiento”.
He de confesar que, aunque no fui del todo sincera, tuve tiempo de observar cada punto de vista detalladamente. Y esto es lo que sucede:
Las chicas de mi edad ya no son “mañacas”. Tener 17 o 18 años significa que tienes libertad para hacer otras cosas… y vergüenza para repetir otras. ¿Decir las cosas a la cara? ¿Para qué si puedo contárselo a mis amigas? *Ah, se me olvidaba: Perder los principios por los ideales que se llevan no es triste, significa que eres moderna.
Los chicos más mayores de 18 o 18 se dividen en dos grupos:
Los que han madurado y, como no tienen nada que hacer, respaldan la opción de llevar otro tipo de vida más relajada donde puedas encontrar el amor (Lo cual no está mal).
Y los chicos que han madurado de otra forma y quieren hacer más locuras y divertirse más pero es difícil para ellos encontrar a alguien dispuesto.
Y luego está el grupo fantasma que son aquellos chicos que, quieran lo que quieran, trabajan y no tienen tiempo para decidir en qué grupo están.
Obviamente no lo sé todo… nunca lo supe todo. Solo sé lo que éramos y lo que somos.

Solo sé que aunque intente ser la misma de siempre, la reacción ya no será la misma.
Solo sé que en medio de este repentino cruce de caminos, hay personas sin ningún lugar al que ir, que, aunque no tienen la culpa de nada, la están pagando.



La música vuelve a mis oídos. Esta vez más fuerte, valiente, como si quisiera demostrar algo. El sol ha descendido mientras recordaba el pasado. Ahora, la música lo es todo, otra vez… llena mi corazón, tapando agujeros que solo la fantasía puede tapar.
Ya no recuerdo que me pasaba… solo sé lo que la música quiere que sepa.
Same old story, what if I said I’m not…(8)


martes, 17 de julio de 2012

"La última conversación"


Hey pablo, solo quería hablar…
Muchas veces me preguntas: “¿Qué tal todo?” y yo, sonriente, te digo: “Muy bien, como siempre”. Verás pablo, no es cierto, muchas de las veces que me preguntas qué tal estoy te respondo que bien porque sé que es una pregunta para romper el hielo, que la respuesta está escrita en el guión y tiene que ser “bien”.
Hoy me he decidido a decirte la verdad, aunque aún no se lo he dicho a nadie, tú serás el primero del último.
No estoy bien pablo, de hecho, se podría resumir en “No soy feliz”. Si siguiéramos en esa conversación típica, tú dirías: “¿Por qué?”
La verdad, yo aún no puedo responder a esa pregunta. Sueño con huir, pablo, olvidaros a todos, ser otra persona, y vivir en otro lugar. Un lugar hermoso, lleno de posibilidades para mi, lleno de sorpresas, de aventuras.
Sabes… hay veces que miro los coches pasar por la carretera más allá de este pueblo. Me pregunto por las vidas de los conductores, por su historia, por sus sueños, por su destino. Y los envidio, sí. Los veo marchar hasta que mis ojos ya no los distinguen e imagino que algún día seré yo la que se aleje para no volver. Suena tan… romántico, ¿verdad?
No deseo que lo entiendas… Aunque imagino que tu siguiente pregunta en esa conversación típica sería: “¿Y tus seres queridos?”.
Los quiero, sí, y los querré siempre. Pero, de algún modo, me hago daño a mi misma viviendo esta vida.
Te gustará saber que, a pesar de todo, no me rendí… en nada. Me lo prometí.
Me prometí que aunque las cosas salieran mal, yo no tiraría la toalla. Por eso, ahora, en la conversación imaginara típica te diría: “Por eso te cuento mi vida… para que sepas que no tiro la toalla, sino que voy por otro camino”
Tú me enseñaste que los sueños se pueden conseguir y que las lágrimas no impedirán que en un futuro surja una sonrisa. Y hoy, como agradecimiento, te cuento mi verdadera historia, te cuento que no soy feliz… pero que no me rendiré.
Te cuento, que aunque no sea esa “chica más feliz del mundo” que tú pensabas que era,  sonrío por ti y por mis otros pocos amigos. Que “estoy bien” porque quiero que vosotros estéis bien. Y que si algún día desaparezco… no me recordéis como una chica triste e infeliz que huyó… sino como aquella chica que, aunque solía estar triste, sonreía por sus amigos y que se marchó en busca de su lugar, su felicidad. 
Dejando esta hipotética conversación, como la última conversación. 


viernes, 13 de julio de 2012

La respuesta más esperada


El sol respondió a mi llamada.
Hacía rato que gritaba su nombre dando la vida en cada una de las palabras pronunciadas. Por ello, cuando llegó, no pude evitar sentir un gran alivio.
El sol [grande, severo y reluciente], me miró con timidez.
Primero, iluminó mis pálidos ojos color ámbar; Luego, lentamente, el tímido rayo de luz descendió hasta desvelar todos los secretos que mi rostro ocultaba.
Me sentía desnuda ante la inminente mirada de mi viejo amigo el sol, aunque, de hecho, sabía que ninguna prenda podía detener su poder.
Nos miramos el uno al otro fijamente. Su belleza les hacía daño a mis pupilas, pero no me importaba ya que llevaba horas esperando su regreso.
El sol continuó su camino, como si observara detenidamente cada centímetro de mi ser. Yo le abrí paso. Le dejé leer mi alma. Le dejé leer mi corazón. Y él, aunque al principio indeciso, respondió con un ardiente abrazo que fue capaz de descongelarme y devolverme la vida, una vez más.
Aparté la mirada solo cuando las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.
Por fin, mis pulmones se llenaron de oxígeno; Por fin, sentí como el viento mecía dulcemente mis cabellos; Por fin, saboreé el significado de la libertad y sus diversas consecuencias.
Por fin, volvía a ser yo. Y volvía a serlo como nunca antes lo había sido, demostrando que las contradicciones existían, que existíamos tú y yo…



sábado, 7 de julio de 2012

El dolor del tiempo


Fue entonces cuando lo sentí.
En realidad solo fue un segundo, pero fue suficiente para entender que estaba sucediendo en aquel mismo instante y en aquel mismo lugar…
Había ido con mis padres y mi primo a ver la casa de mi difunto tío abuelo.
A pesar de que hacía ya años que había fallecido, la casa continuaba oliendo a él, como si horas atrás hubiera estado habitada. No me sorprendió, de hecho.
Continué con mi propia búsqueda de algo que no sabía exactamente que era. Cuando entré al salón no pude evitar sonreír. Los recuerdos se amontonaban en mi cabeza una vez más desde el día de su muerte. Recordé cuando me enfadé con mis padres por una estupidez de niña pequeña y me escapé de casa. Recordé cuando anduve por las calles de mi pequeño pueblo buscando un sitio en el que llorar tranquilamente. Y, también recordé como, por causalidad, aterricé en casa de mi tío abuelo Manolo.
Toqué al timbre y, sencillamente, me presenté ahí y le saludé. Le expliqué todo lo sucedido y él, con una amplia sonrisa, dijo que podía estar en su casa el tiempo que fuera necesario, que no diría nada.
No hizo falta establecer ninguna conversación. Recordé que sabía que mi compañía le hacía sentir bien, al igual que a mí...
Dejé volar mi mente unos minutos más y decidí subir a la terraza. Allí otros muchos más recuerdos aparecieron sin permiso en mi memoria.
Mi primo se posó a mi lado y asintió con la cabeza al mismo tiempo que yo le recordaba que solíamos hacer allí. Él también se acordaba.
Y es en ese momento, justo en ese instante, cuando, repentinamente, me puse a correr de un lado a otro feliz, sintiendo aquello: La añoranza.
Esa añoranza por los viejos tiempos en los que corría sin preocupaciones con mi primo o mi prima jugando a cualquier cosa; esos tiempos en los que no había futuro, solo un presente lleno de aventuras fantásticas; esos tiempos en los que era más feliz porque era más ignorante; esos tiempos en los que habían personas que, actualmente, ya no están presentes…
En realidad, fue sorprendente como en pocos segundos todas esas sensaciones y recuerdos bailaron en mi mente dejando, como residuo, un ardiente pinchazo en el corazón. Y fue aquello lo que sentí, un pinchazo lleno de recuerdos y añoranzas de aquellos viejos tiempos que, de algún modo u otro, eran mejores.

-Todo aquello queda muy atrás, tan atrás que el tiempo duele. Aunque, de hecho, es el único que puede hacerme daño.


Fotografía y texto hechos por mí. No robéis por favor.

jueves, 21 de junio de 2012

Una excusa, una verdad.

"Tú ni caso" "No tienen ni idea" "No te conocen..." "¡Si te conocieran!" "No comparemos..." "Todo es subjetivo" "Yo no estoy de acuerdo con ellos" "No todo el mundo dice lo que piensa" "No hagas lo que ellos no hacen por ti, entonces." "Pero..." "Tú sabes que en realidad no es así" "Ya verás, no te preocupes"
En realidad, no existen excusas. Sucede lo que tiene que suceder... Hay gente que tiene más suerte, y hay gente que no es tan afortunada.
Finalmente, me aferro a lo único que tengo importante en mi vida... y eres tú cuando intentas animarme. Y lo que más aprecio y te agradezco... es que siempre tengas una excusa, que aunque no funcione, la utilices para hacerme sentir mejor.
Gracias...

Para mi mejor amigo: Jorge Sempere