Continúa, vive, lucha, desea. Que nada te detenga.
Y si te quieren robar la felicidad, que te la roben: ellos no saben como se consigue.
Eres libre y tienes un camino muy largo. Puedes elegir.
Y los que se atormentan por el pasado, es que no están viviendo el presente.
Los que se niegan a caminar, es que no quieren buscar su felicidad.
Tú no te pares... sigue caminando.
Crea tu camino dejando las pisadas bien marcadas para que todo el mundo las vea: En la felicidad no viene incluida la vergüenza.
Se fiel a ti misma. Se fiel a tus decisiones... que indecisas ya hay muchas.
Y por último... no te rindas.
Nadie dijo que fuera fácil pero tampoco que fuera imposible.
viernes, 14 de septiembre de 2012
jueves, 30 de agosto de 2012
El cuaderno de alguien
Como un cuaderno en blanco, yo fui apuntando.
Primero, apunté las cosas más simples:
Como sonreír, como bostezar...
He de decir que no fue tan simple como parece. Escribir algo en un cuaderno vacío lo puede hacer cualquier niño pequeño pero, escribir sobre algo que nunca habías hecho... es otro nivel.
Observas a la gente de tu alrededor y, una vez consigues un patrón, intentas definir el término "sonrisa" o "bostezo" ya que no puedes anotar algo sobre ellos sin saber su significado.
Por ello, aunque "sonreír" y "bostezar" son cosas simples, el hecho de apuntarlos conlleva un gran esfuerzo.
Igualmente, lo tuve que hacer. Reprimí la naturalidad que aquellos verbos llevaban escritas en su esencia y la escribí en mi cuaderno de una forma única. No habrían más sonrisas como la mía. No habrían más bostezos como el mío.
Continué caminando y llenando las lineas de mi cuaderno. En ese momento no sabía que esas líneas algún día serían leídas inconscientemente en mi, convirtiendo aquello que un día fue una anotación, en un acto.
Por fin llegó mi primer reto: El amor.
Debía entender, ante todo, que significaba ese abstracto sustantivo y apuntar en mi cuaderno lo que sería para mi.
Quería que fuera único pero, ante todo, quería que fuera un amor fiel. Quería que fuera un amor sencillo que naciera de lo más hondo de mi ser y que fuera capaz de producir sonrisas y lágrimas.
Lo escribí. Escribí "amor" en mi cuaderno y lo obtuve tal y como yo quise.
Mi error en ese corto camino recorrido fue el no darme cuenta de que hay cosas que se escriben solas. Quería controlarlo todo... quería escribir las cosas a mi manera para que éstas fueran únicas y no tener dudas de lo desconocido.
Y por ello, escribí también "odio". Escribí odio como aquel sentimiento que contrarrestaba el amor. Quería que fuera un odio sencillo que naciera de lo más hondo de mi ser y que fuera capaz de producir rabia y dolor.
Lo obtuve, tal y como quise.
Quizás creáis que fui tonta, que escribí mi propia derrota. Que deseé mi propio sufrimiento. De hecho, no fue así.
Me equivoqué, es cierto. Dediqué mi tiempo a escribir en ese cuaderno todo aquello que un día me definiría. Me preocupaba no contentarme a mi misma. Me preocupaba no confiar en mi.
Ahora soy todo aquello que un día escribí.
Soy una sonrisa tímida en momentos delicados.
Soy un bostezo oculto en una muchedumbre.
Soy un amor fiel con un corazón de pinchos.
Primero, apunté las cosas más simples:
Como sonreír, como bostezar...
He de decir que no fue tan simple como parece. Escribir algo en un cuaderno vacío lo puede hacer cualquier niño pequeño pero, escribir sobre algo que nunca habías hecho... es otro nivel.
Observas a la gente de tu alrededor y, una vez consigues un patrón, intentas definir el término "sonrisa" o "bostezo" ya que no puedes anotar algo sobre ellos sin saber su significado.
Por ello, aunque "sonreír" y "bostezar" son cosas simples, el hecho de apuntarlos conlleva un gran esfuerzo.
Igualmente, lo tuve que hacer. Reprimí la naturalidad que aquellos verbos llevaban escritas en su esencia y la escribí en mi cuaderno de una forma única. No habrían más sonrisas como la mía. No habrían más bostezos como el mío.
Continué caminando y llenando las lineas de mi cuaderno. En ese momento no sabía que esas líneas algún día serían leídas inconscientemente en mi, convirtiendo aquello que un día fue una anotación, en un acto.
Por fin llegó mi primer reto: El amor.
Debía entender, ante todo, que significaba ese abstracto sustantivo y apuntar en mi cuaderno lo que sería para mi.
Quería que fuera único pero, ante todo, quería que fuera un amor fiel. Quería que fuera un amor sencillo que naciera de lo más hondo de mi ser y que fuera capaz de producir sonrisas y lágrimas.
Lo escribí. Escribí "amor" en mi cuaderno y lo obtuve tal y como yo quise.
Mi error en ese corto camino recorrido fue el no darme cuenta de que hay cosas que se escriben solas. Quería controlarlo todo... quería escribir las cosas a mi manera para que éstas fueran únicas y no tener dudas de lo desconocido.
Y por ello, escribí también "odio". Escribí odio como aquel sentimiento que contrarrestaba el amor. Quería que fuera un odio sencillo que naciera de lo más hondo de mi ser y que fuera capaz de producir rabia y dolor.
Lo obtuve, tal y como quise.
Quizás creáis que fui tonta, que escribí mi propia derrota. Que deseé mi propio sufrimiento. De hecho, no fue así.
Me equivoqué, es cierto. Dediqué mi tiempo a escribir en ese cuaderno todo aquello que un día me definiría. Me preocupaba no contentarme a mi misma. Me preocupaba no confiar en mi.
Ahora soy todo aquello que un día escribí.
Soy una sonrisa tímida en momentos delicados.
Soy un bostezo oculto en una muchedumbre.
Soy un amor fiel con un corazón de pinchos.
sábado, 11 de agosto de 2012
Un secreto
Tengo un secreto... tan virgen, tan nuevo.
Nadie sabe de su existencia y yo, ilusa, solo sé un resquicio de ese secreto tan nuevo que reside en mi.
No es un secreto perfecto, ni bueno, ni adecuado, pero surge de lo más hondo de mi corazón.
Surge de esa parte que todos tratamos de ocultar, de esa parte que da vergüenza mostrar.
Ese secreto es una idea nueva en mi mente que me revuelve el estómago, que me hace sentir mal y bien al mismo tiempo.
Es un secreto jamás contado porque no hay palabras ni valentía para contarlo.
Es mi perdición y salvación.
Es una canción agradablemente ruidosa en un desierto tranquilo.
Es aquello que un día soñé...
Ante todo, es un secreto injusto. Para mi y para todos.
Lo es y yo lo soy. Lo somos todos.
Pero sobre todo... lo eres tú.
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viernes, 10 de agosto de 2012
La música
La música, un refugio único y personal para cada uno.
Puedes decidir, de hecho, si quieres que la música te evada
o si quieres que la música realce tus sentimientos.
Escucho la dulce melodía bailar en mis oídos. Me concentro
en el sonido: dulce y apaciguador. ¿Me sucedía algo? Ah, sí, ya me acuerdo. Es
una historia muy lejana y vieja aunque, realmente, se trata de dos años atrás.
Dice así…
Teníamos metas, teníamos oportunidades, teníamos amigos, teníamos libertad.También había discusiones, sí, pero eran discusiones de gente inmadura que duraban a penas dos días.
Sí… en aquellos tiempos, los veranos no eran suficientes para realizar todos los planes propuestos. En aquellos tiempos.
Algo cambió. Deshizo todo lo hermoso que teníamos: El tiempo.
Muchos dicen la edad, otros opinan que la madurez… pero, según mi punto de vista, es el tiempo.
Este tiempo tan bonito que tuvimos, pasó. Los caminos, antes unidos por la diversión y la amistad, se fueron separando.
Unos por los estudios, otros por el trabajo, algunos porque se hicieron pareja, otros porque maduraron, otros porque encontraron otra cosa más divertida que hacer e, incluso otros, porque su naturaleza era esa: huir como una rata y adaptarse como un camaleón.
Sería injusto juzgar los motivos que a cada uno de nosotros le llevó tomar caminos diferentes. Lo que realmente importa es que sucedió y que perdimos aquello tan único y bonito que nos unía.
Creo que lo más triste e incompetente que he hecho en mi vida ha sido intentar que las cosas volvieran a ser como eran antes. La verdad es que me conformaría con que al menos estuviéramos todos juntos… otra vez.
En aquel entonces, no existían los cotilleos, los malos rollos ni las discusiones…Sin ir más lejos, yo no sabía que era eso de “aburrimiento”.
He de confesar que, aunque no fui del todo sincera, tuve tiempo de observar cada punto de vista detalladamente. Y esto es lo que sucede:
Las chicas de mi edad ya no son “mañacas”. Tener 17 o 18 años significa que tienes libertad para hacer otras cosas… y vergüenza para repetir otras. ¿Decir las cosas a la cara? ¿Para qué si puedo contárselo a mis amigas? *Ah, se me olvidaba: Perder los principios por los ideales que se llevan no es triste, significa que eres moderna.
Los chicos más mayores de 18 o 18 se dividen en dos grupos:
Los que han madurado y, como no tienen nada que hacer, respaldan la opción de llevar otro tipo de vida más relajada donde puedas encontrar el amor (Lo cual no está mal).
Y los chicos que han madurado de otra forma y quieren hacer más locuras y divertirse más pero es difícil para ellos encontrar a alguien dispuesto.
Y luego está el grupo fantasma que son aquellos chicos que, quieran lo que quieran, trabajan y no tienen tiempo para decidir en qué grupo están.
Obviamente no lo sé todo… nunca lo supe todo. Solo sé lo que éramos y lo que somos.
Solo sé que aunque intente ser la misma de siempre, la reacción ya no será la misma.
Solo sé que en medio de este repentino cruce de caminos, hay personas sin ningún lugar al que ir, que, aunque no tienen la culpa de nada, la están pagando.
La música vuelve a mis oídos. Esta vez más fuerte, valiente,
como si quisiera demostrar algo. El sol ha descendido mientras recordaba el
pasado. Ahora, la música lo es todo, otra vez… llena mi corazón, tapando
agujeros que solo la fantasía puede tapar.
Ya no recuerdo que me pasaba… solo sé lo que la música
quiere que sepa.
Same old story, what if I said I’m not…(8)
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martes, 17 de julio de 2012
"La última conversación"
Hey pablo, solo quería hablar…
Muchas veces me preguntas: “¿Qué tal todo?” y yo, sonriente,
te digo: “Muy bien, como siempre”. Verás pablo, no es cierto, muchas de las
veces que me preguntas qué tal estoy te respondo que bien porque sé que es una
pregunta para romper el hielo, que la respuesta está escrita en el guión y
tiene que ser “bien”.
Hoy me he decidido a decirte la verdad, aunque aún no se lo
he dicho a nadie, tú serás el primero del último.
No estoy bien pablo, de hecho, se podría resumir en “No soy
feliz”. Si siguiéramos en esa conversación típica, tú dirías: “¿Por qué?”
La verdad, yo aún no puedo responder a esa pregunta. Sueño
con huir, pablo, olvidaros a todos, ser otra persona, y vivir en otro lugar. Un
lugar hermoso, lleno de posibilidades para mi, lleno de sorpresas, de
aventuras.
Sabes… hay veces que miro los coches pasar por la carretera
más allá de este pueblo. Me pregunto por las vidas de los conductores, por su
historia, por sus sueños, por su destino. Y los envidio, sí. Los veo marchar
hasta que mis ojos ya no los distinguen e imagino que algún día seré yo la que
se aleje para no volver. Suena tan… romántico, ¿verdad?
No deseo que lo entiendas… Aunque imagino que tu siguiente
pregunta en esa conversación típica sería: “¿Y tus seres queridos?”.
Los quiero, sí, y los querré siempre. Pero, de algún modo,
me hago daño a mi misma viviendo esta vida.
Te gustará saber que, a pesar de todo, no me rendí… en nada.
Me lo prometí.
Me prometí que aunque las cosas salieran mal, yo no tiraría
la toalla. Por eso, ahora, en la conversación imaginara típica te diría: “Por
eso te cuento mi vida… para que sepas que no tiro la toalla, sino que voy por
otro camino”
Tú me enseñaste que los sueños se pueden conseguir y que las
lágrimas no impedirán que en un futuro surja una sonrisa. Y hoy, como
agradecimiento, te cuento mi verdadera historia, te cuento que no soy feliz…
pero que no me rendiré.
Te cuento, que aunque no sea esa “chica más feliz del mundo”
que tú pensabas que era, sonrío por ti y
por mis otros pocos amigos. Que “estoy bien” porque quiero que vosotros estéis
bien. Y que si algún día desaparezco… no me recordéis como una chica triste e
infeliz que huyó… sino como aquella chica que, aunque solía estar triste,
sonreía por sus amigos y que se marchó en busca de su lugar, su felicidad.
Dejando esta hipotética conversación, como la última conversación.
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viernes, 13 de julio de 2012
La respuesta más esperada
El sol respondió a mi llamada.
Hacía rato que gritaba su nombre dando la vida en cada una
de las palabras pronunciadas. Por ello, cuando llegó, no pude evitar sentir un
gran alivio.
El sol [grande, severo y reluciente], me miró con timidez.
Primero, iluminó mis pálidos ojos color ámbar; Luego,
lentamente, el tímido rayo de luz descendió hasta desvelar todos los secretos
que mi rostro ocultaba.
Me sentía desnuda ante la inminente mirada de mi viejo amigo
el sol, aunque, de hecho, sabía que ninguna prenda podía detener su poder.
Nos miramos el uno al otro fijamente. Su belleza les hacía
daño a mis pupilas, pero no me importaba ya que llevaba horas esperando su
regreso.
El sol continuó su camino, como si observara detenidamente
cada centímetro de mi ser. Yo le abrí paso. Le dejé leer mi alma. Le dejé leer
mi corazón. Y él, aunque al principio indeciso, respondió con un ardiente
abrazo que fue capaz de descongelarme y devolverme la vida, una vez más.
Aparté la mirada solo cuando las lágrimas empezaron a rodar
por mis mejillas.
Por fin, mis pulmones se llenaron de oxígeno; Por fin, sentí
como el viento mecía dulcemente mis cabellos; Por fin, saboreé el significado
de la libertad y sus diversas consecuencias.
Por fin, volvía a ser yo. Y volvía a serlo como nunca antes
lo había sido, demostrando que las contradicciones existían, que existíamos tú
y yo…
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sábado, 7 de julio de 2012
El dolor del tiempo
Fue entonces cuando lo sentí.
En realidad solo fue un segundo, pero fue suficiente para
entender que estaba sucediendo en aquel mismo instante y en aquel mismo lugar…
Había ido con mis padres y mi primo a ver la casa de mi
difunto tío abuelo.
A pesar de que hacía ya años que había fallecido, la casa
continuaba oliendo a él, como si horas atrás hubiera estado habitada. No me
sorprendió, de hecho.
Continué con mi propia búsqueda de algo que no sabía
exactamente que era. Cuando entré al salón no pude evitar sonreír. Los
recuerdos se amontonaban en mi cabeza una vez más desde el día de su muerte.
Recordé cuando me enfadé con mis padres por una estupidez de niña pequeña y me
escapé de casa. Recordé cuando anduve por las calles de mi pequeño pueblo buscando
un sitio en el que llorar tranquilamente. Y, también recordé como, por
causalidad, aterricé en casa de mi tío abuelo Manolo.
Toqué al timbre y, sencillamente, me presenté ahí y le
saludé. Le expliqué todo lo sucedido y él, con una amplia sonrisa, dijo que
podía estar en su casa el tiempo que fuera necesario, que no diría nada.
No hizo falta establecer ninguna conversación. Recordé que
sabía que mi compañía le hacía sentir bien, al igual que a mí...
Dejé volar mi mente unos minutos más y decidí subir a la
terraza. Allí otros muchos más recuerdos aparecieron sin permiso en mi memoria.
Mi primo se posó a mi lado y asintió con la cabeza al mismo
tiempo que yo le recordaba que solíamos hacer allí. Él también se acordaba.
Y es en ese momento, justo en ese instante, cuando,
repentinamente, me puse a correr de un lado a otro feliz, sintiendo aquello: La
añoranza.
Esa añoranza por los viejos tiempos en los que corría sin
preocupaciones con mi primo o mi prima jugando a cualquier cosa; esos tiempos
en los que no había futuro, solo un presente lleno de aventuras fantásticas;
esos tiempos en los que era más feliz porque era más ignorante; esos tiempos en
los que habían personas que, actualmente, ya no están presentes…
En realidad, fue sorprendente como en pocos segundos todas
esas sensaciones y recuerdos bailaron en mi mente dejando, como residuo, un
ardiente pinchazo en el corazón. Y fue aquello lo que sentí, un pinchazo lleno
de recuerdos y añoranzas de aquellos viejos tiempos que, de algún modo u otro,
eran mejores.
-Todo aquello queda muy atrás, tan atrás que el tiempo
duele. Aunque, de hecho, es el único que puede hacerme daño.
Fotografía y texto hechos por mí. No robéis por favor.
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